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Marina Colasanti

marzo 3, 2011

Nació en Asmara, Etiopía, el 26 de septiembre de 1937. Hija de padres italianos vivió su primera infancia en África, luego se mudó a Italia y en 1948, a la edad de once años, llegó a Brasil donde reside actualmente. En 1952 ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes y se especializó en grabado en metal. Entre 1962 y 1973 trabajó en el Jornal do Brasil como columnista, redactora e ilustradora.
Desde 1973 hasta 1993, fue presentadora de los programas de televisión Olho por Olho, Primeira Mão, Os Mágicos, Sábado Forte e Imagens da Italia.

En su artículo “Leyendo en la casa de la guerra” Marina Colasanti recuerda sus años de infancia en Italia durante la Segunda Guerra Mundial:

“Cuando pienso en esos años, los veo atiborrados de libros. Son mis años-biblioteca. Y mis lecturas más emocionantes, esas que vivo hasta hoy como mi epifanía de lectora, me fueron dadas justamente en los dos últimos años de la guerra, los años más duros. (…) No teníamos amigos ni compañeros con quienes jugar. Estábamos solos, él y yo, él un año mayor, y en ese tiempo ni siquiera salíamos a la calle, a no ser para ir a la escuela. Las tardes se alargaban en la sala de muebles oscuros; la noche llegaba temprano, trayendo consigo la neblina del lago. Pero mi hermano y yo estábamos inmersos en las selvas de Malasia, con sus animales salvajes, galopábamos por las praderas del Oeste, construíamos casa en el tronco de las secuoyas, o navegábamos veinte mil leguas bajo el mar. Éramos piratas, cazadores, viajeros, pielrojas… Aún guardo en el corazón, con ternura y orgullo, mi nombre de squaw: Sole Ridente.”

Para Marina Colasanti la imagen de un escritor que vigila con lupa la calidad ética de su texto, con el objetivo de no cometer deslices políticamente incorrectos es sencillamente lamentable. “No hace mucho, una amiga alemana me decía que hoy, en Alemania, tratan de evitar este tipo de narraciones, y que los padres no dan a leer a sus hijos libros o relatos que incluyan guerras, violencia o muerte. El momento es pacifista.

Y yo me pregunté, no sin inquietud, qué clase de lecturas están dando a sus niños los padres alemanes. Todos recordamos aquel momento, luego aceptado como un gran error, en que los cuentos de hadas fueron enviados a la lavandería, para retirarles toda mancha de sangre. El resultado fue que, al limpiar la sangre visible, se drenó también la invisible, esa que corre por las venas de las historias, y las anima y les da vida. Y los bellos cuentos de hadas se tornaron pálidos, débiles, inexpresivos.

La verdad es que no existe una literatura ‘limpia’. Existen libros ‘limpios’, sobre todo para niños. Pero esos libros pueden no ser, y con frecuencia no lo son, literatura. Literatura es arte. Y el arte es tensión, conflicto, pathos.”

Puede conocerle un poco más si visita este enlace: http://www.imaginaria.com.ar/?p=500

Les recomiendo este artículo de Marcela Carranza. “La literatura al servicio de los valores, o cómo conjurar el peligro de la literatura”.

http://www.imaginaria.com.ar/18/1/literatura-y-valores.htm

“Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral.
Los libros están bien o mal escritos.
Eso es todo.”
Oscar Wilde

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