h1

LITERATURA Y EDUCACIÓN MORAL

enero 26, 2012

LITERATURA Y EDUCACIÓN MORAL

Por: Rosario Anzola

Como se ha expuesto, la literatura constituye una de las herramientas más valiosas a la hora de abordar la educación moral.  El texto literario nos permite:

1.- Vivir otras vidas –ponerse en el lugar del otro-, traslación imprescindible para aprender a comprender a los demás.

2.- Identificarnos con algún personaje, hacer nuestros sus sueños, pesares, alegrías e ilusiones.  Esta identificación fortalece las propias convicciones.

3.- Rechazar otros personajes, bien sea porque su conducta no es la más adecuada o simplemente, porque se opone al personaje con quien se logra una identificación.  El contraste también es válido para la revisión personal.

4.- Explorar nuestras reacciones, emociones y sentimientos.  La conciencia de nuestra interioridad y la capacidad para conmovernos ante situaciones de diversa índole, es la que –a fin de cuentas- nos encamina a analizar, sopesar, juzgar y establecer una conclusión frente a las acciones humanas.

5.- Adoptar criterios y posturas frente a los dilemas, las situaciones de conflicto, las tensiones y las actitudes, que es –en definitiva- valorar y definir valores.

Sin embargo, hay que tener presente que la literatura no es, ni puede, ni debe ser “moralizante”.  Durante varios siglos los textos para niños se escribieron, se leyeron, se enseñaron y se aprendieron, bajo el criterio de la moralidad, de la moraleja, de sacar siempre una enseñanza moral de la obra.  Actualmente sabemos que el acercamiento del niño a la literatura se realiza eficazmente a través del disfrute, del goce y del placer que   proporciona el elemento lúdico de la lectura.  Los elementos cognitivos y formativos constituyen apenas una parte, subyacente, en el texto.  Otra parte –imbricada al discurso literario- viene a ser lo estético, de la mano de la expresión de sentimientos y emociones a través del lirismo, lo cual distingue a la literatura de cualquier otro texto.

Si bien es cierto que no hay recetas universales, en mi desempeño como escritora navego el cauce de una breve fórmula que aprendí en las sesiones de trabajo de La Ventana Mágica: para atrapar a un lector cómplice es recomendable que un texto equilibre humor, amor, suspenso y poesía.

Claro está, el escritor equilibra y armoniza el texto de acuerdo con su intención y concepción de la obra.  En ocasiones priva uno o dos elementos sobre los otros, pero… ¡Siempre están presente los cuatro!

Según Antonio Orlando Rodríguez:

Los valores no suelen aparecer explícitamente en la obra literaria y, si lo están, lo más probable es que la obra no sea literatura de mérito.1

Y… ¿cómo encontrarlos entonces? ¿Cómo trabajarlos?  La detección de los valores en la obra literaria no puede ser el objetivo de su lectura, así como no podemos pretender que un niño recree o cree un texto bajo la sola óptica de expresarse a través de valores.  La literatura simplemente propicia la reflexión, la toma de conciencia y la asunción de posturas, por lo tanto favorece la compresión de las acciones y reacciones humanas, sus causas y consecuencias.  Además, hay que tener en cuenta que una de las características del texto literario es su  polivalencia, por medio de la cual cada lector percibe resonancias particulares y, por lo tanto, construye interpretaciones únicas.  Existe obviamente un nivel general de discurso, sobre el que se trabaja en el aula, pero el docente debe estar atento a las consideraciones particulares de cada alumno.

¿Puede el maestro evaluar estos procesos?  En este caso no se puede hablar de resultados mensurables, ni de rendimiento, ni de puntos, ni de escalas, ni de notas.  Asumir valores y manifestar actitudes es algo absolutamente personal y depende de cada caso particular, con su acumulación e integración de experiencias y referencias, así como del entorno familiar y social de cada individuo.  El único criterio válido es la observación del desarrollo personal del alumno, sus logros, aportes e interacción grupal.

Veamos los cuatros momentos que concibe Rodríguez en la formación de valores:

1.- La relación con la palabra (ejemplo: solidaridad).  Es un nivel de mera abstracción, en el cual simplemente se “descubre” o se “revela” un dato en relación con un contenido ético.

2.- Momento de la reflexión y el análisis, donde interviene la sensibilidad.  La palabra adquiere un significado más preciso de acuerdo con cada caso particular, y es transformado en concepto.  El niño puede expresar con sus propias palabras qué significa “solidaridad” para él.

3.- Apropiación del término, es decir, el concepto se interioriza, se une a la vivencia y se vincula con las actitudes y la conducta propia y/o ajena.  Es acá donde se plantea la coherencia entre lo pensado y lo actuado.  El niño puede ejemplificar, a través de su experiencia, el significado de “solidaridad”.

4.- Valor asumido, el cual es apreciado y percibido por otros, bien sea a través de un auténtico discurso oral o de un comportamiento expreso.  En esta etapa el valor es encarnado por quien lo asume.  El niño se manifiesta solidario frente a alguna situación planteada en aula, en la escuela o en la comunidad.  Acá el maestro tiene la oportunidad de comprobar que el proceso de formación de un determinado valor ha sido efectivo, es decir, cuando las actitudes y las normas son expresadas conductualmente, en franca coherencia con los valores.

Como puede verse, en el proceso de formación de valores se secuencian una serie de pasos que van desde la emocionalidad frente al asunto hasta llegar a un raciocinio objetivo, apuntalado por la experiencia, las convicciones y las referencias.  Es acá donde la literatura presta su ayuda invalorable, pues el maestro tiene la oportunidad de ejercer dichos análisis a partir de los argumentos, los protagonistas de los textos, la expresión y el sentir de la poesía, haciendo énfasis en el contraste o similitud con la vida real de la escuela, la familia y la comunidad, con la vigencia de las propuestas  y con las experiencias particulares.

Es imperante destacar que en el proceso de ponderar una acción, un hecho, un suceso o una conducta se genera un mandato de elección, que exige tomar una posición o postura determinada.  No hay lugar posible para la apatía y la indiferencia, ya que la neutralidad desvirtuaría  el fin último de una pedagogía fundamentada en valores.  Es muy importante que el docente haga conciencia de que la posesión y la adopción de un valor implica asumir unas consecuencias.  El tomar partido por algo o por alguien, significa riesgos y tiene su precio.  Por ejemplo, si se es consecuente y coherente con la honestidad, se tiene que estar preparado para los sacudones del contexto, incluidos los propios dilemas.

En el capítulo, Pedagogía de los valores, del libro, Cómo educar en valores, se expresan algunos criterios para vivir en sociedad desde el punto de vista moral, con los cuales se complementan y se refuerzan las aproximaciones metodológicas, que se intentan en el presente ensayo:

1.- La crítica, como instrumento de análisis de la realidad que nos rodea y para cambiar todo lo que sea injusto.

2.- La alteridad, que nos permite salir de nosotros mismos para establecer unas relaciones óptimas con los demás.

3.- Conocer los derechos humanos y respetarlos.

4.- Implicación y compromiso.  Es la parte activa, evita que los otros criterios queden reducidos a una simple declaración de buenas intenciones.2

Siendo francamente concluyente que la literatura constituye el vehículo idóneo para enriquecer la capacidad crítica y creativa, y desarrollar asimismo la conciencia  moral, sigamos el consejo de Josefina Urdaneta:

También hay un punto de partida en el niño mismo: su emoción, sus vivencias, sus observaciones, sus sorpresas, su descubrimiento del mundo, su aprehensión de la realidad.3

Rosario Anzola

1 Rodríguez, Antonio Orlando.  (1999. Formación de valores desde la literatura infantil y juvenil.  Bogotá: Taller de Talleres.
2 Ll. Carreras. P. Eijo A. Estany. Ma. T. Gómez, R. Guich y otros (1998). Como educar en valores.   Madrid: Narcea
3 Urdaneta, Josefina. (1969). El niño y la palabra. Caracas: Monte Ávila.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: