Archive for the ‘Lecturas’ Category

h1

Papagayo de valores

junio 26, 2013

EDICION ANIVERSARIO NOTA RESPONSABLE_PROGRAMA PAPAGAYO 260613

“Eres mi amor y mi inspiración por eso te vengo a dedicar esta canción, eres lo más bello que he conocido, por eso mi vida quiero que estés conmigo. Eres una niña muy especial entre todas tú eres la más fenomenal”, estas líneas forma parte del rap inspiración de Bryan Pimentel, estudiante del 6to grado de la U.E.M. Monseñor Lucas Guillermo Castillo, del municipio Baruta, estado Miranda, quien junto a sus compañeros de clase y la docente Mildred Pérez recibieron las estrategias que brinda el programa Papagayo de la fundación BBVA Provincial y con las cuales han visto mejoras en el aula desde su aplicación según relatan”.

Para continuar leyendo haga clic sobre el siguiente enlace:

http://www.notaresponsable.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=1735:papagayo-de-valores&Itemid=316

Anuncios
h1

El “momento rosa” de la literatura infantil

mayo 21, 2013

pink room

El “momento rosa” de la literatura infantil

“A veces pienso que el esfuerzo que realizan maestros, educadores y padres para evitar caer en estereotipos resulta una batalla perdida en cuanto se entra en una librería general, en una tienda de juguetes para niños, o en un supermercado donde la consigna es: el rosa es suave, femenino y dulce (y vende más)”.

Para leer más hacer clic sobre este enlace y disfrutar del blog de anatarambana!

http://anatarambana.blogspot.com/2013/05/el-momento-rosa-de-la-literatura.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Anatarambana+%28anatarambana%29

h1

Compartiendo una experiencia Papagayo

marzo 21, 2013

Aquiles_Nazoa_por_Fe

Compartiendo una experiencia Papagayo

El día martes 29 de enero se logro la presentación del  Programa  Papagayo a los alumnos de  6to grado, sección B la presentación se  hizo mediante una lectura que involucraba la motivación  de los sujetos por leer, escribir e imaginar situaciones reales o imaginarias que conllevaban  al desarrollo de las emociones.

 Luego los alumnos participaron mencionando palabras que definían  los términos lectura y  escritura. Tales como: imaginación, emoción, recuerdos, cuentos, películas, leyendas, entre otros. Así mismo lo hicieron firmando conjuntamente con la docente el compromiso para desarrollar y culminar el programa...

Experiencia narrada por la docente Tania Rengel de la Unidad Educativa Aquiles Nazoa, sobre la aplicación de las primeras estrategias de Papagayo

Para leer completamente esta maravillosa experiencia los invitamos a descargar el archivo (PDF) haciendo clic sobre el siguiente enlace: Tania Rengel de la Unidad Educativa Aquiles Nazoa

Imagen: Pintura / Stencil.  Aquiles Nazoa por el artista urbano Fe. Intervención de una santamaría en El Hatillo, Caracas, Venezuela.

h1

Invitación a revisar estas interesantes publicaciones

marzo 21, 2013

logo_color CILELIJ

A todos los docentes los invitamos a consultar estas interesantes publicaciones, abajo encontrará el enlace para entrar de directamente al sitio o pruebe a darle clic a las letras azules, sobre cada enlace independiente. Esperamos que sean de su agrado.

Publicaciones

El Diccionario de ilustradores iberoamericanos es una muestra representativa del panorama de la ilustración infantil y juvenil en veintidós países, de América y Europa, de habla hispana y portuguesa.
Ofrece una hermosa parte del mundo visual, diverso y colorista de algunos de los ilustradores más reconocidos universalmente. Es, en palabras de Fanuel Díaz, “un mosaico de miradas y una trama de préstamos y conexiones visuales”.

El Gran diccionario de autores latinoamericanos de literatura infantil y juvenil presenta, por primera vez, el “quién es quién” en la literatura para niños y jóvenes de los veinte países latinoamericanos de habla hispana y portuguesa, desde los orígenes de la LIJ hasta nuestros días. De cada autor se recoge la biografía, un análisis de las principales obras, un juicio crítico y la bibliografía más importante sobre cada uno.

Hitos de la literatura infantil y juvenil iberoamericana es una mirada panorámica sobre los libros que se convirtieron en referentes, tanto para los lectores como para los creadores que continuaron el camino emprendido por sus autores. Está escrito a muchas manos, con múltiples voces, bajo la tutela de Beatriz Helena Robledo, experta colombiana en LIJ.
Ha sido patrocinado y editado por la Fundación SM en cumplimiento de uno de sus principales objetivos: la promoción del libro infantil y el fomento de la lectura y la escritura.

Para entrar a la página original y ver más información, hacer clic sobre este enlace: http://www.cilelij.com/publicaciones/

h1

VALORES Y ANTIVALORES

abril 13, 2012

VALORES Y ANTIVALORES

Por: Rosario Anzola

Todo valor tiene una polaridad, por eso podemos hablar de antivalores o contravalores.  Los valores, como ya hemos visto, implican una reacción del individuo (aceptar/rechazar) y conducen a una acción manifiesta (actitudes/conducta).  Están sujetos a una jerarquía que depende de la edad del individuo, de su experiencia vital y de su entorno social y natural.

Partiendo del principio que conceptualiza a los valores como convicciones razonadas a los valores como convicciones razonadas de que algo es bueno o malo, propio o impropio, adecuado o inadecuado, para alcanzar la armonía de la interrelación yo, los otros y el entorno, se denomina entonces antivalor a todo aquello que dificulte o impida esta interrelación armónica.

Recapitulando acerca de la evolución de la conciencia moral y de la necesidad del hombre de poner orden al caos, este orden se inicia con elementales hábitos de convivencia y sobrevivencia, a través de los cuales se ponen de manifiesto las actitudes.  Cuando los hábitos pasan a la categoría de normas, ya conforman el nivel colectivo de un valor.

Existen dos elementos insustituibles para que hábitos, actitudes, normas y valores se afiancen: la constancia y la voluntad.  Ambas están sujetas al proceso de formación o educación, el cual se inicia desde los primeros días de un recién nacido.

Controlar instintos y pasiones, domeñar los impulsos y posponer las gratificaciones deben ser el punto de partida de la educación de los valores.  Si un niño de un año toma un adorno de vidrio para arrastrarlo por el suelo, pues, quiere explorarlo y jugar con él, lógicamente y por razones de peligrosidad, el adulto se lo quita.

Vuelve el niño a tomarlo, pues, no entiende la noción de peligro y, además, no ha saciado su curiosidad.  Ahí se desata una oportunidad irrepetible.

Si el adulto pone límites, -con firmeza-, le quita nuevamente el adorno y le expresa su definitiva decisión de no dejar que lo vuelva a tomar, aun cuando la secuencia podría rebobinarse varias veces, si aquél actúa con perseverancia, el niño terminará por comprender que no puede ni debe hacerlo más.

No vale esconder o guardar el objeto.  Si –por inconsistencia- el dame y toma, seguido de unas veces sí y otras veces no, se convierte en un juego, el niño no sabrá a qué atenerse.  Insistirá en tomar el adorno para arrastrarlo por el piso y no aprenderá a controlar sus impulsos.

Supongamos que otras historias similares se suceden bajo estos esquemas a lo largo de la educación de un niño.  El pequeño formado con una disciplina lógica, respetuosa y perseverante, podrá el día de mañana controlar sus emociones e impulsos, y entenderá a cabalidad las nociones éticas.  El otro, sin las posibilidades de control, se convertirá en un individuo centrado en sí mismo y en sus propios deseos y pasiones.  Será incapaz de dominar sus emociones y aficiones compulsivas, y con reales dificultades para entender las nociones éticas.  En un caso se gestó un valor, en el otro, un antivalor.

Con el tiempo, el hábito elemental –inducido y orientado- evoluciona hacia la convicción.  Vale decir que se ejerce realmente un autoconocimiento: conducirse o portarse bien, no por el premio o castigo, sino porque hay un convencimiento de que es lo mejor, lo correcto, lo esperado, lo respetuoso, lo digno, con uno mismo y con los demás.

Si bien es cierto que la educación moral está justificada por el nuevo ordenamiento mundial y por la tendencia a la globalización, también lo es que el ser humano contemporáneo está sometido indiscriminadamente, como consecuencia de esta misma cohesión de culturas y de la estandarización de pensamientos y actitudes, a la intervención de otros modelos de formación.  Éstos no son ni la familia ni la escuela.  Son -¿por qué no decirlo?- tanto o más poderosos en su poder de influencia.  Los medios de comunicación, las redes de informática y la industria publicitaria, marcan el ritmo del “avance” civilizatorio.

No se trata de caer en posiciones extremas, ni de negar los indudables beneficios que los adelantos proporcionan a la humanidad.  Se trata sí de estar atentos a su exceso y su influencia para colocar las incidencias en su justo lugar.  Las tendencias y criterios frente a los hábitos de consumo, la creación de necesidades, la moda, los lenguajes (discursos orales, escritos, visuales, auditivos, gestuales, actitudinales, etc.), los símbolos y estereotipos de estatus, fama, poder y triunfo, se instalan en la conciencia del ser humano y condicionan definitivamente su conducta individual y social.

Un ejemplo concreto lo constituye la consideración de la violencia como medio para solucionar problemas.  Desde las comiquitas “más inofensivas”, las películas promocionadas como “para toda la familia”, hasta los juegos de videos, se centran –en una gran mayoría de casos- en eliminar, desaparecer, aniquilar –con espectacularidad de inimaginables efectos especiales- al oponente y superar los conflictos, a través de iguales e indignas opciones.

Nuestros niños se han ido acostumbrando a los “horrores”, como parte divertida de la vida.  Recuerdo que en la, casi reciente, guerra del golfo veía (en vivo) por televisión el reporte que mostraba a varios niños tratando de colocarse –con el miedo sembrado en sus caritas- las máscaras antigases, ante la inminencia de un bombardeo de misiles.  Yo seguía muy conmovida las escenas al lado de uno de mis sobrinos, entonces de 7 años, quien impresionado ante mi asombro, ingenuamente me comentó: ¿Qué pasa? No pasa nada. ¿No ves que no hay ni saaaaaangre, ni cabezas volando por el aire, ni candela, ni cuerpos rotos?

Obviamente me conmoví aún más.  El comentario de mi sobrino se convirtió –para mí- en una tragedia tan impactante como la que acababa de ver en la televisión.  Acto seguido, escribí el ensayo Monstruos, villanos y antihéroes, los protagonistas de hoy.  Ahí destaco la responsabilidad de quienes dirigen, manejan y crean, estos patrones de comunicación o diversión o nuevas formas de aprendizaje, el manejo del nuevas formas de aprendizaje, el manejo del  “bien acomodaticio”, de la espectacularidad del sufrimiento, la entronización de las patologías humanas y la consecuente insensibilización de los receptores de estos mensajes; al igual que la creciente necesidad de emociones y sensaciones cada vez más intensas, ante la anestesia del respeto y la dignidad.

En el texto mencionado expongo los estereotipos que predominan en los diferentes discursos mediáticos:

  1. 1.     La violencia como vía aceptable para resolver los conflictos.
  2. 2.     El sexo como recurso para obtener bienestar material.
  3. 3.     La “virtud” como medio para obtener provecho (premio, botín, fama, etc.)
  4. 4.     La burla como diversión.
  5. 5.     La trampa, el engaño, la falsedad, como signos de viveza e inteligencia.
  6. 6.     El egocentrismo antes que la solidaridad.
  7. 7.     El azar como parámetro para obtener calidad de vida.

     Por último, vamos a referirnos a la tesis expresada por Enrique Rojas, ya en 1992. Dicho estudio se expone en su libro, “El hombre light”, subtitulado Una vida sin valores.  Rojas define al hombre light como:

_____________________________________________

…un sujeto que lleva por bandera una tetralogía nihilista: hedonismo – consumismo permisividad -relatividad.  Todos enhebrados por materialismo. 1

_____________________________________________

Por lo tanto, el perfil psicológico de este sujeto es el siguiente:

  • Más o menos informado, pero sin formación humanística.
  • Pragmático, frívolo y superficial.
  • Sin firmeza de convicciones y, por lo tanto, muy manipulable.
  • Sin criterios sólidos en su conducta.
  • Aséptico, insensible, frío e indiferente ante los problemas de los otros.
  • No se ocupa, ni se preocupa por los demás.

     La ausencia de vínculos convierte a este estereotipo en un ser egocéntrico sin compromiso con los ideales.  Representa –por calificarlo de algún modo- la negación del hombre pro-social.  Su vacío moral es sustentado por los antivalores ya mencionados.  El materialismo lo hace creer que el reconocimiento es para quien gana mucho dinero; que la trascendencia se asegura con poder y fama; que la felicidad se reduce al placer y el bienestar, es decir a pasarla bien a costa de lo que sea; que la libertad se concentra en poseer y gastar, gastar y poseer.  Y… lo más desvirtuado: no hay prohibiciones, ni restricciones, todo es válido, todo está permitido, todo depende y todo es relativo.

Enrique Rojas habla de que el “relativismo” es otro nuevo código ético, donde el bien y el mal, lo bueno y lo malo, son acomodaticios y dependen de lo que mejor convenga al individuo, sin importar las consecuencias.  También se refiere a una nueva ética fundamentada en la estadística, que viene a sustituir a la conciencia, por aquello de que es válido lo que dice la mayoría.  En el lenguaje se dan muchos errores que son aceptados por lo que se denomina “la fuerza del uso”.  De esta forma la gente se acostumbra a escuchar o a leer o a escribir una palabra o frase  gramaticalmente incorrecta, pero… como todo el mundo la dice así… ¿Qué le vamos hacer?

De igual manera este relativismo ético conduce a tolerar, y aceptar y ejercer actitudes y conductas reñidas con lo que han sido, por los siglos de los siglos, los principios que rigen la dignidad del hombre y el orden social.  Asi como el ejemplo gramatical, también hemos escuchado atónitos cómo, ante algún descalabro conductual o actitudinal, las justificaciones: “como todo el mundo lo hace…” o “con esto no hago daño a nadie y si me hago daño a mí mismo, ése es mi problema”.

También causa estupor, la reacción envasiva ante las complicaciones ajenas, con la muletilla de “ese no es mi problema, eso no es asunto mío”; indicaciones de muchos libros y talleres de crecimiento y superación personal, que aplicadas literalmente transforman al individuo en eso que llamamos “hombre light”.

Vale la pena detenernos por un momento en el siguiente texto de Don Miguel de Unamuno, el cual muestra con una metáfora la que significa abordar la educación en valores, cuando se trata de niños.

_____________________________________________

Se dice, y acaso se cree, que la libertad consiste en dejar crecer una planta, en no ponerle rodrigones, ni guías, ni obstáculos; en no podarla, obligándola a que tome ésta u otra forma; en dejarla que arroje por sí, y sin coacción alguna, sus brotes y sus hojas y sus flores.  Y la libertad no está en el follaje, sino en las raíces, y de nada sirve dejarle al árbol libre la copa y abiertos de par en par los caminos del cielo, si sus raíces se encuentra, al poco de crecer, con dura roca impenetrable seca y árida o con tierra de muerte.2

h1

LECTURA CREADORA Y VALORES

marzo 23, 2012

 

LECTURA CREADORA Y VALORES

Por María E. Maggi

 

C

uando un lector está ante una obra literaria se identifica con determinados personajes, acciones o ideas. El planteamiento y la solución de algunos temas o problemas lo ubican en el campo de los valores morales y lo obligan a optar, elegir o disentir, a expresar sus gustos y preferencias.  Es por ello que, desde la antigüedad, se ha hablado del carácter formativo de la literatura y de la importancia de las lecturas en la formación de los niños.

Tal y como dice Rosenblat 1, la experiencia de la lectura es un medio de exploración para el lector, pues, “lejos de ser un proceso pasivo de absorción, es una forma de intensa actividad personal”.  Por ello se hace necesario que permitamos que los estudiantes se enfrenten a las obras literarias, a través de un tipo de lectura comprensiva y gozosa, de lo que podríamos llamar una lectura creadora, en la que puedan asumir con libertad diferentes posturas ante el texto literario.

Como docentes  no debemos limitar a nuestros  alumnos a enfrentar los textos sólo como material de estudio o ejercicio de lectura.  La literatura y la lectura tienen mayor importancia y trascendencia: los niños deben “vivir” la lectura de la obra literaria, y a través de ella “forjarse una conciencia de sí mismo y del mundo que los rodea, de sus sentimientos, actitudes éticas y juicios de valor”. 1

Existen algunas obras o géneros literarios en los que la intención formativa y la presencia de unos valores se manifiestan de manera muy evidente.  En este sentido, el género didáctico por excelencia es la fábula, una historia protagonizada por animales, en la que se reflejan las virtudes  o defectos humanos, que nos ofrece una enseñanza refrendada por la consabida moraleja.  Por ello siempre fueron consideradas lecturas adecuadas para los niños.

Recordemos, por ejemplo, una fábula como Las dos cabritas, de La Fontaine, que cuenta la historia de dos cabras que al caminar por el tronco de un árbol sobre un precipicio, se encuentran frente a frente y al no querer retroceder ninguna de las dos, terminan en el fondo del barranco, en la que se muestra claramente a dónde puede llevar la terquedad o la intransigencia.

Pero podemos decir que la rica literatura que se produce hoy para los niños ofrece infinidad de obras, en género y formatos muy variados (fábulas modernas, poemas, cuentos ilustrados, relatos, novelas), que destacan por los temas y las formas –disímiles, simbólicas y sutiles- en que los abordan.

Comencemos por la serie de libros del holandés Max Velthuis, quien ha escogido a un “sapo verde, muy verde”, como protagonista de historias, en las que aparecen también Cochinito, Liebre y la Pata Blanca, para tocar temas fundamentales, como el a mor en Sapo Enamorado,  la amistad en Sapo en invierno, la muerte en Sapo y la canción del mirlo, y la tolerancia ante las diferencias en Sapo y el forastero.  En éste último deja sentado, a través de un sencillo y breve texto y unas conmovedoras ilustraciones de cierto aire ingenuo, que la amistad y la solidaridad no conocen fronteras.  Un tema importante de abordar en momentos de racismo y neofascismo, que en nuestros países latinoamericanos se han planteado problemas limítrofes que pueden llevar a la violencia, y surgen diferencias políticas que parecen irreconciliables.

En Oliver Button es un nena, de Tomie de Paola, se retrata a un niño que tiene conflictos con sus padres y compañeros de escuela, porque le gusta pintar y bailar, lo que nos lleva a reflexionar acerca de la forma en que en nuestras sociedades imponemos o transmitimos los roles sexuales a los niños.  Un pasito y otro pasito, el mismo autor, plantea la relación de un niño con su abuelo, para revelar la importancia del lazo afectivo entre estos personajes.

Otros libros presentan verdaderos dilemas morales a los niños lectores, al enfrentarlos a acciones como el engaño y la mentira.   En El adivino, un joven campesino que pretende hacerse pasar por adivino, valiéndose de engaños, aprende una buena lección.  En El robo de las aes, de Gonzalo Canal Ramírez, un niño roba las letras aes de la imprenta parroquial para evitar que ataquen a su padre a través del periódico.  La acción cometida lo lleva a una lucha interna que va desde el inmenso temor ante el castigo divino, al arrepentimiento profundo y la confesión de la verdad.  Otro dilema moral vive el niño protagonista del libro, El turpial que vivió dos veces del escritor Salvador Garmendia, una historia que conduce a consideraciones sobre el valor de la libertad y el amor a la naturaleza.

Otras obras nos hacen reflexionar acerca de la desigualdad social en nuestras sociedades, como ocurre con Miguel Vicente Pata Caliente, en la que Orlando Araujo nos presenta a “un limpiabotas muy caminador y amigo de conversar con todo el mundo”.  Se trata de un niño sometido a circunstancias adversas como la pobreza y la muerte de su madre, pero en el que siempre está presente el sueño, la imaginación y el deseo de aprender a descifrar los oscuros signos de los libros.  De igual manera, el cuento El bistec y las palomitas, de Lygia Bojunga Nunes, recrea la dura realidad de un niño de las favelas brasileras, y el fuerte contraste entre su vida y la de un muchacho de clase media, y ofrece un final con una visión esperanzadora.

La calle es libre cuenta cómo un grupo de niños de un barrio caraqueño lucha por hacer su sueño realidad: tener un parque para jugar; y exalta los valores comunitarios y el espíritu de cooperación y participación.  El valor de trabajo y del esfuerzo individual y colectivo puede verse reflejado en Un puñado de semillas, cuando la pequeña Concepción ponen en práctica lo que le enseñó su abuela: sembrar maíz, frijoles y ají para su sustento.

Un libro como Niña Bonita exalta el orgullo de una niña de piel oscura por la herencia de su abuela negra, y Cada uno es especial seguramente logrará reforzar en el niño lo sentimientos de autoestima y la importancia de su relación con los demás.

Finalmente, un cuento como Los tres cosmonautas, de Umberto Eco, narra el encuentro de un norteamericano, un ruso y un africano en el planeta Marte.  Al principio, los tres se rechazan por su color o forma de hablar, pero ante el sobrecogedor silencio del espacio tienen un mismo sentimiento: el temor.  Entonces se hacen amigos e incluso llegan a entenderse con un marciano.  En este cuento el autor, al igual que Max Velthius, en Sapo y el forastero, aboga por la tolerancia y el respeto ante las diferencias raciales y culturales, por eso que llamamos hoy la convivencia multicultural.

     Estas obras, como toda buena literatura, ofrecen experiencias de vida a sus lectores, pueden influir en su sensibilidad, dejar una honda huella en cada uno de ellos, y ampliar su visión y comprensión del mundo y de la vida, porque como dice María Elena Dubois:

_________________________________________________La literatura ha de incitar a recorrer caminos nuevos, a contemplar las mil caras de la humanidad, a descubrir los secretos mejor guardados de la conciencia.  A través del texto literario han de reconocerse y medirse, perderse y encontrarse, en la vida y en los sueños de otros seres a quienes pueden percibir, aun alejados en el tiempo y en el espacio, como partícipes de una realidad común: la condición humana con toda su gama de valores y contravalores. 2                                _________________________________________________

Pero para generar este tipo de lectura creadora es necesario crear también el espacio (tiempo, lugar y atmósfera) para el intercambio de opiniones, la participación y el debate en el salón de clases.  Un espacio en el que la palabra del alumno y del maestro gocen de la misma libertad y respeto.

Nos sentiríamos satisfechos  si, de alguna manera, este proyecto propicia la apertura de ese espacio tan necesario para maestros y alumnos de nuestras escuelas públicas.

1 Rosenblat, Louise. (1997) Lenguaje, literatura y valores. Revista Ronda de Libros para un aula libre. Caracas: Ministerio de     Educación Año 1, Nº 1. P. 21-24

2 Dubois, María Elena. (1997). Lenguaje literatura y valores. Revista Ronda de Libros para un aula libre.  Caracas Ministerio de Educación. Año 1. Nº 1. P. 21-24

h1

LECTURA Y ESCRITURA, DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

marzo 19, 2012

LECTURA Y ESCRITURA: DOS CARAS DE UNA MISMA MONEDA

Por Fanuel Hanán Díaz

D

esde hace algún tiempo se ha hecho especial énfasis en el desarrollo de planes de promoción de lectura en la escuela, considerando a esta última como espacio privilegiado para que el individuo pueda consolidad hábitos permanentes de lectura.  De esta manera, se ha intentado favorecer el desarrollo de una serie de habilidades y destrezas inteligentes, que tienen origen en la práctica de la lectura comprensiva.

Hacia los años setenta se puso de moda el término “animación a la lectura”, con lo cual comienzan a expandirse una serie de estrategias que intentaron destacar el uso del libro en el aula o la biblioteca, mediante propuestas lúdicas y grupales.  Poco a poco la necesidad de promocionar la lectura comenzó a apoderarse de numerosas  disciplinas, y ya no solamente esta preocupación obedecía a una razón pedagógica, sino también involucraba un bienestar social.  La lectura se vinculó, entonces, a los términos democracia, desarrollo y poder.

Hoy en día, en retrospectiva, algunos críticos señalan la mayor importancia que se ha dado históricamente a la lectura en detrimento de la escritura, como si ambas prácticas estuviesen divorciadas.  Sin embargo, es claro que estos procesos son dos caras de una misma moneda.

La lectura involucra un pensamiento constante (consciente o inconsciente) sobre la escritura, mientras que el proceso mismo de escritura exige diferentes niveles de lectura.  Para el escritor español Víctor Moreno, ambas destrezas encuentran un punto en común en el receptor/autor, cuya tarea esencial consistirá en hacer conscientes estos procesos, como una manera de iluminar el espacio compartido por ambos.

Y justamente esa reflexión podría ser el punto de partida para establecer puentes entre la lectura y la escritura en la escuela.  ¿De qué manera puedo  ayudar a mis alumnos a conscientizar que cada vez que se lee, se obtienen herramientas para escribir? ¿Cómo puedo estimular prácticas de escrituras creativas a partir de la lectura? ¿En que medida mis alumnos activan procesos de lectura (relectura, lectura profunda, lectura superficial) cuando están escribiendo?

Durante este módulo intentaremos establecer algunas particularidades de la lectura en función de la puesta en práctica de algunas estrategias de escritura creativa, que nos ayuden a desarrollar exitosamente este proyecto de creatividad literaria.  Por eso, debemos tener como punto de partida ciertas consideraciones acerca del valor social de la lectura, su inserción en la escuela moderna y, por supuesto, sus bondades como elementos estimulante de propuestas creativas verbales y no verbales.

Éste es el primer camino de exploración del docente, que en el nuevo marco educativo se convierte en un investigador capaz de hacer un diagnóstico de la condición de un grupo de alumnos, en relación con la práctica lectora y la valoración del libro.  ¿Cuánto tiempo le dedicamos a la lectura en el salón de clase? ¿Qué tipo de libros leemos en el aula? ¿Qué actividades propongo, qué acciones o recursos proveo para estimular la lectura entre mis alumnos? ¿Acompaño a mis alumnos a la biblioteca pública? ¿Soy un modelo lector para ellos?

Si nuestros alumnos están formados como lectores y han desarrollado hábitos de acercamientos al libro, sería más fácil hacer lo mismo con propuestas de escritura, a partir de distintos contextos significativos compartidos de manera colectiva.  Evidentemente que la acumulación de lecturas ofrece un bagaje más amplio para desarrollar propuestas a partir de la transformación, la imitación, la improvisación o la variación de algunos de los mecanismos de iniciación a la escritura creativa.

La lectura también ofrece amplitud de vocabulario e identificación de modelos textuales (estructuras), como por ejemplo: la apertura y cierre de cuentos, la creación de personajes o el seguimiento de patrones rítmicos.  Pero, sobre todo, ayuda a despertar la sensibilidad y la imaginación, dentro de un clima de libertad y sintonía con intereses individuales y grupales.