Posts Tagged ‘Lectura’

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El “momento rosa” de la literatura infantil

mayo 21, 2013

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El “momento rosa” de la literatura infantil

“A veces pienso que el esfuerzo que realizan maestros, educadores y padres para evitar caer en estereotipos resulta una batalla perdida en cuanto se entra en una librería general, en una tienda de juguetes para niños, o en un supermercado donde la consigna es: el rosa es suave, femenino y dulce (y vende más)”.

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Reelecturas

mayo 3, 2013

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También yo siento la necesidad de releer los libros que ya he leído, pero en cada relectura me parece leer por vez primera un libro nuevo. ¿Seré yo que sigo cambiando y veo nuevas cosas que antes no había advertido? ¿O bien la lectura es una construcción que toma forma al juntar un gran número de variables y no puede repetirse dos veces siguiendo el mismo dibujo? Cada vez que trato de revivir la emoción de una lectura precedente, extraigo impresiones distintas e inesperadas, y no encuentro las de antes.

Italo Calvino

 

Si tuviera algún sentido darte un consejo … te diría que leyeras mucho durante tu niñez. Es entonces cuando las ficciones nos sirven para aprender a luchar contra el olvido, para fijar nuestras realidades y, sí, disimularlas y volverlas mejores de lo que en realidad son. De este modo, cuando hayamos crecido, no recordaremos nuestra vida sino las vidas de los libros que leímos entonces … nuestra biografía acaba teniendo tantas cabezas como libros hemos leído, porque leyendo hemos leído tantas vidas … Bienaventurados aquellos que han leído mucho durante su infancia porque de ellos, tal vez, jamás será el reino de los cielos; pero sí podrán acceder al reino de los cielos de los otros, y allí aprender las muchas maneras de salir del propio infierno gracias a las estrategias no ficticias de personajes de ficción.

Jardines de Kensington de Rodrigo Fresán

 

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El verbo leer, la imaginación y la memoria

marzo 18, 2013

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En el proceso de la escritura la imaginación y la memoria se confunden.

Adelaida García Morales

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Beneficios de la lectura

marzo 7, 2013

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Los beneficios de la lectura

Leer favorece la concentración y la empatía. Alimenta la imaginación, modifica (para bien) el cerebro, nos hace progresar y nos prepara para el éxito: ¡larga vida a los libros!

Sacar tiempo

“Cada vez parece más difícil encontrarle un hueco a la lectura. El tiempo pasa entre el trabajo, navegar por internet, hacer deporte o salir con los amigos. Pero ¿cuándo hay tiempo para leer?

Aunque en España el 58% de las personas mayores de 14 años afirman leer frecuentemente, al preguntar por la falta de interés hacia la lectura tanto a lectores ocasionales como a no lectores, ambos dicen no disponer del tiempo suficiente. Además, por cada edad hay una razón distinta. Según un estudio elaborado por la Federación de Gremios de Editores, los españoles entre los 25 y los 54 años –la franja más activa desde el punto de vista laboral–, admiten no poder dedicarse a la lectura por falta de tiempo. Por lo que se refiere a los jóvenes no lectores entre los 14 y 24 años la motivación es sencilla: no leen porque no tienen interés o porque no les gusta. En cambio, los mayores de 65 años, al ver reducidas progresivamente sus facultades visuales, no logran dedicarse concreta y asiduamente a la lectura.

Dicen que a la lectura sólo hay que dedicarle los ratos perdidos, que se pierde vida mientras se lee. Lo cierto es que, agradable pasatiempo para muchos, obligación para otros, leer es un beneficioso ejercicio mental. Rendir culto al cuerpo está en boga, pero ¿y dedicar tiempo al cultivo de la mente? “Al igual que nos cuidamos y vamos cada vez más al gimnasio, deberíamos dedicar media hora diaria a la lectura”, sostiene el escritor catalán Emili Teixidor, autor de La lectura y la vida (Columna) y de la exitosa novela que inspiró la película Pa negre.
Favorecer la concentración y la empatía, prevenir la degeneración cognitiva y hasta predecir el éxito profesional son sólo algunos de los beneficios encubiertos de la lectura. Sin contar que “el acto de leer forma parte del acto de vivir”, dice el ex ministro Ángel Gabilondo, catedrático de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y autor del reciente ensayo Darse a la lectura (RBA). Para Gabilondo, la lectura “crea, recrea y transforma. Una buena selección de libros es como una buena selección de alimentos: nutre”.
De la lectura de los primeros jeroglíficos esculpidos en piedra a la de la tinta de los pergaminos, o a la lectura digital, el hábito lector ha discurrido de la mano de la historia de la humanidad. Si la invención de la escritura supuso la separación de la prehistoria de la historia, la lectura descodificó los hechos que acontecían en cada época. Los primeros que leyeron con avidez fueron los griegos, aunque fuesen sus esclavos quienes narraban en voz alta los textos a sus amos. Siglos más tarde, la lectura se volvió una actividad silenciosa y personal, se comenzó a leer hacia el interior del alma. “Los grecolatinos vinculaban la lectura a la lista de actividades que había que hacer cada día”, sostiene Gabilondo. “Convirtieron el pasatiempo en un ejercicio: el sano ejercicio de leer”. Fueron los romanos quienes acuñaron el “nulla dies sine linea” (ni un día sin [leer] una línea).
¿Por qué es tan saludable? “La lectura es el único instrumento que tiene el cerebro para progresar –considera Emili Teixidor–, nos da el alimento que hace vivir al cerebro”. Ejercitar la mente mediante la lectura favorece la concentración. A pesar de que, tras su aprendizaje, la lectura parece un proceso que ocurre de forma innata en nuestra mente, leer es una actividad antinatural. El humano lector surgió de su constante lucha contra la distracción, porque el estado natural del cerebro tiende a despistarse ante cualquier nuevo estímulo. No estar alerta, según la psicología evolutiva, podía costar la vida de nuestros ancestros: si un cazador no atendía a los estímulos que lo rodeaban era devorado o moría de hambre por no saber localizar las fuentes de alimentos. Por ello, permanecer inmóvil concentrado en un proceso como la lectura es antinatural.

Según Vaughan Bell, polifacético psicólogo e investigador del King’s College de Londres, “la capacidad de concentrarse en una sola tarea sin interrupciones representa una anomalía en la historia de nuestro desarrollo psicológico”. Y aunque antes de la lectura cazadores y artesanos habían cultivado su capacidad de atención, lo cierto es que sólo la actividad lectora exige “la concentración profunda al combinar el desciframiento del texto y la interpretación de su significado”, dice el pensador Nicholas Carr en su libro Superficiales (Taurus). Aunque la lectura sea un proceso forzado, la mente recrea cada palabra activando numerosas vibraciones intelectuales.
En este preciso instante, mientras usted lee este texto, el hemisferio izquierdo de su cerebro está trabajando a alta velocidad para activar diferentes áreas. Sus ojos recorren el texto buscando reconocer la forma de cada letra, y su corteza inferotemporal, área del cerebro especializada en detectar palabras escritas, se activa, transmitiendo la información hacia otras regiones cerebrales. Su cerebro repetirá constantemente este complejo proceso mientras usted siga leyendo el texto.
La actividad de leer, que el cerebro lleva a cabo con tanta naturalidad, tiene repercusiones en el desarrollo intelectual. “La capacidad lectora modifica el cerebro”, afirma el neurólogo Stanislas Dehaene, catedrático de Psicología Cognitiva Experimental del Collège de France en su libro Les neurones de la lecture (Odile Jacob). Es así: hay más materia gris en la cabeza de una persona lectora y más neuronas en los cerebros que leen. El neurocientífico Alexandre Castro-Caldas y su equipo de la Universidad Católica Portuguesa lo demostraron en uno de sus estudios, junto a otro curioso dato: comparando los cerebros de personas analfabetas con los de lectores, se verificó que los analfabetos oyen peor.
“Hay que leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras”, dice Gabilondo. Al cobrar vida cada palabra, la imaginación echa a volar. El poder de la mente es tan fuerte que recrea lo imaginado, activando las mismas áreas cerebrales que se accionarían si se ejecutara la acción en la realidad. Lo demuestra un estudio de la Universidad de Washington a cargo de la psicóloga Nicole K. Speer. En un artículo publicado en la revista Psychological Science en el 2009, Speer afirma: “Los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas”.
Además de alimentar la imaginación y favorecer la concentración, la lectura ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía. Un ávido lector rápido aprende a identificarse con los personajes de las historias que lee y, como bien sostiene Emili Teixidor, “está más dispuesto a abrirse a otras vidas”. El psicólogo Raymond Mar y su equipo de la Universidad de Toronto probaron en el 2006 que las personas que consumen novelas son más empáticas respecto a los lectores de libros especializados o los no lectores. Al medir las habilidades sociales y el modo de interactuar de los dos tipos de lectores, los lectores de géneros literarios resultaron tener una mayor facilidad para ponerse en la piel del otro.
Pero no sólo es más empático quien lee, sino también mejor orador. Como dijo Cicerón, “a hablar no se aprende hablando, sino leyendo”. Lejos de la imagen solitaria e introvertida con la que se identifica al lector, lo cierto es que las personas lectoras desarrollan más sus habilidades comunicativas. “Al enriquecer el vocabulario y mejorar la sintaxis y la gramática; aprendemos a hablar adecuada y justamente”, sostiene Gabilondo. Hacer un correcto uso del lenguaje está bien valorado socialmente, por ello, quienes nutren su dialéctica mediante el hábito lector son percibidos por los otros como personas con gran capacidad de liderazgo. Son más apreciados profesionalmente. Según un estudio de la Universidad de Oxford, la lectura por placer predice el éxito profesional. Quien fue un ávido lector en su adolescencia tiene más posibilidades de triunfar en su madurez. Durante más de dos décadas, el equipo de investigación del psicólogo Mark Taylor analizó los hábitos y actividades de casi 20.000 jóvenes con ánimo de conocer qué actividades predecían el éxito profesional al cumplir 30. Ninguna práctica extracurricular –como hacer deporte o ir al cine–, evaluadas junto a la lectura, lograron tener un impacto significativo en el éxito profesional. Sólo la lectura. Las mujeres que a los 16 años leían libros por puro placer tenían el 39% de probabilidades de alcanzar un puesto de gerencia frente al 25% de las mujeres no lectoras. Para los hombres, que suelen tener más posibilidades de llegar a altos puestos directivos, la cifra pasaba de un 48% entre quienes no leían a los 16 años, a un 58% entre los que sí lo hacían.
Claro que también hay que leer en la madurez y en la vejez. El ejercicio de leer cobra sentido al final de nuestras vidas. Neurólogos y psicólogos recomiendan “la lectura como método preventivo del alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas”, señala el doctor Pablo Martínez-Lage, coordinador del grupo de estudio de conductas y demencias de la Sociedad Española de Neurología. Cuando una persona comienza a padecer síntomas de demencia y a perder autonomía, influyen dos factores: las lesiones que ha producido la enfermedad y la pérdida de la capacidad de compensar. Compensar es poner a funcionar áreas del cerebro que antes no funcionaban, poner en marcha la reserva cognitiva, es decir, la capacidad intelectual acumulada a lo largo de su vida mediante conocimientos y actividades intelectuales. Para disponer de una buena reserva cognitiva es importante tener una vida intelectualmente activa. “Quienes se mantienen mentalmente en forma a lo largo de su vida, corren menos riesgo de padecer alzheimer, parkinson o enfermedades cardiovasculares”, concluye Martínez-Lage.
Los beneficios de la lectura no son únicamente personales. “Leer no sólo afecta a la cultura social, sino también a la economía y al comercio de un pueblo”, sostiene Emili Teixidor. Para el escritor, la lectura ayuda a exportar cultura fuera de nuestro país: “Ya que España no tiene petróleo, ¡tendrá que exportar inteligencia!”. También cabe recordar que a lo largo de la historia la lectura siempre fue uno de los vehículos de la democracia. “En países autoritarios la lectura siempre estará perseguida por contribuir a desarrollar la libertad de expresión, la cultura y la información”, afirma César Antonio Molina, ex ministro de Cultura y director de la Casa del Lector. Leer siempre tuvo el poder de transformar la sociedad, “y, si no, ¡fíjese en todos los que leyeron los evangelios!”, sostiene Teixidor. El escritor recuerda una anécdota, “ahora en el quiosco venden muy barato el Manifiesto Comunista de Karl Marx, en mis tiempos de estudiante hubieran perseguido al quiosquero“. Muchos libros fueron la clave del desarrollo de algunos acontecimientos históricos y ahora, en momentos de incertidumbre y crisis, la lectura debería adquirir protagonismo. No sólo como buena compañera de viaje para evadir y serenar. “No hay que refugiarse en la lectura, sino emplear su capacidad de modificar el estado de las cosas”, dice Gabilondo. Según el filósofo, hay que utilizar el poder de la lectura para transformar la sociedad.

El efecto contagio

El éxito educacional de un niño no depende tanto del estatus socioeconómico de su familia como de que sepa disfrutar de la lectura. “No importa qué, ni cuánto se lea, lo importante es leer”, dice Emili Teixidor. En su libro La lectura y la vida (Columna), el escritor da algunas claves imprescindibles para contagiar el hábito lector, “aunque cada maestrillo tenga su librillo”, afirma. El primero de los trucos es predicar con el ejemplo, “si quieres cambiar el mundo, por dónde empezarías, ¿por ti o por lo demás?”, dice. Tanto padres como educadores deben leer delante de los niños para lograr despertar su interés.
Las lecturas obligatorias a las que se somete a los más pequeños son contraproducentes, según Teixidor. Cada uno debería encontrar su camino y saber qué quiere leer, qué tipo de narración es la más adecuada para él, “yo, por ejemplo, encuentro fantástico poder conversar con Séneca y con Cicerón –afirma– y sé que muchos otros no soportarían la lectura de los clásicos”. Con lo que está de acuerdo el escritor es con la denominada “hora del silencio”, cuya aplicación se ha puesto de moda en algunos colegios. “Es una hora en la que lee todo el centro, desde los alumnos hasta la directora o el conserje –cuenta– .Lo importante es facilitar tiempos y espacios para aprender la disciplina de leer diariamente”. La planificación de la lectura es un importante elemento para desarrollar el hábito lector.
Pero, sin duda, el mejor truco para incentivar la lectura es expandir la curiosidad desbocada, la pasión por descubrir mundos, por conocer personajes, hechos e historias. “Un maestro siempre comenzaba sus clases hablando de dos libros: el primero lo recomendaba y el segundo lo prohibía diciendo que sólo podía leerlo él”, recuerda Teixidor. El libro prohibido era mucho más leído por sus alumnos que el que inicialmente había recomendado”. La curiosidad siempre mata al gato, potenciarla en lo que a la lectura se refiere, siempre es un gran aliado”.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20120613/54312096470/los-beneficios-de-la-lectura.html

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La biblioteca en la escuela: lectura y escritura en el espacio escolar (Una experiencia)

febrero 17, 2013

La biblioteca en la escuela: lectura y escritura en el espacio escolar -Una experiencia en la Héctor Abad Gómez sede Placita de Flórez-

Resumen:

¨La pregunta por la lectura y la escritura cobra especial relevancia, ya que en estas prácticas culturales están cifradas las transformaciones sociales. No solo la escuela forma lectores y escritores; las experiencias de lectura y escritura desbordan sus muros y a la vez retornan a ella. El presente artículo tiene por objeto describir la experiencia de un grupo de maestros en formación, en torno a la intervención realizada como práctica pedagógica, a propósito de las nacientes relaciones entre escuela, biblioteca escolar  y ciudad, en el entendido de que el reto de la ciudad consiste en fortalecer las redes sociales en torno a la educación, desde diferentes escenarios (las bibliotecas públicas, los parques bibliotecas, entre otros) todos ellos eficaces motores de cambio social¨.

Palabras claves: ¨lectura, escritura, biblioteca escolar, maestros en formación, prácticas sociales, ciudad lectora y escritora¨.

El inicio de las transformaciones

¨Si la lectura es una práctica que en contextos de promoción se realiza socialmente, para que el diálogo  ocurra hay que prestar oído fino a las particulares maneras en que los lectores entran en los textos y generan sociabilidades de diverso tipo con otros lectores, entre ellos, los promotores¨.

¨El verbo leer no soporta el imperativo.  Aversión que comparte con otros verbos:

el verbo amar y el verbo soñar”.

Daniel Pennac, Como una novela.

Para leer más sobre esta experiencia hacer clic sobre el siguiente enlace:

http://www.faceducacion.org/redlecturas4/?q=node/42

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Los reportes acerca de la muerte del libro han sido sumamente exagerados, por Umberto Eco

abril 12, 2012

“Tenía la esperanza de que para estas fechas el escándalo hubiera muerto, pero el debate acerca de si los lectores electrónicos de libros desplazarían a los libros tradicionales sigue con toda intensidad —específicamente, si los contratos de publicación de libros destinados a Kindle, iPad y otros lectores electrónicos son un preludio para la muerte definitiva de los libros y las librerías—.

Los periódicos han dedicado planas enteras de su cobertura de las artes a este tema: recuerdo un diario que dio un gran espacio a una foto de los bouquinistes o vendedores de libros instalados a lo largo de las riberas del Sena, y un artículo en el que se afirmaba que estos vendedores de libros (usados) están destinados a desaparecer. Por supuesto, el escritor no mencionó que si las casas editoriales realmente cesaran de publicar, emergería un próspero mercado para volúmenes antiguos, y los puestos callejeros como los de París —el único lugar donde uno podría encontrar los libros del pasado— disfrutarían de una nueva vida.

En un sentido este debate se inició hace más de 30 años, con el primer uso generalizado de la computadora personal. Pero la llegada del lector electrónico de libros generó renovadas inquietudes. Eventualmente, el guionista Jean-Claude Carrière y yo nos hartamos de tratar de contestar individualmente todos los comentarios fatalistas y publicamos una larga conversación el año pasado con el provocativo título de Nadie acabará con los libros.

Defender la idea de un futuro largo para el libro no significa negar que ciertas obras de referencia son más fáciles de cargar en una tableta, o que las personas que padecen de hipermetropía encuentran más fácil leer un periódico en un aparato electrónico que les permite aumentar el tamaño de la fuente del texto a voluntad, o que nuestros hijos podrían evitar dañarse la columna vertebral si no tuvieran que cargar mochilas escolares excesivamente pesadas. Tampoco aseguraría yo que la versión en papel de La guerra y la paz es universalmente más divertida de leer en la playa que en su versión electrónica. (Personalmente, estoy convencido de que sí lo es, pero los gustos varían, y mi única esperanza es que aquellos con gustos diferentes al mío no tengan que padecer una falla en la energía).

Pero ya tenemos pruebas de que los libros tendrán una larga vida, en la forma de volúmenes que fueron impresos hace más de 500 años y se encuentran aún en excelentes condiciones, así como pergaminos que han sobrevivido durante 2.000 años. En contraste, no tenemos prueba de que un medio electrónico pueda persistir en la misma forma. En el lapso de 30 años el disco blando o floppy fue reemplazado por un disco más pequeño con una cubierta rígida, que a su vez fue reemplazado por el CD, que fue desplazado por la memoria USB. Ninguna computadora es construida hoy en día para leer un disco blando de los años 80, así que no sabemos si lo que fue escrito en determinado disco hubiera durado 25 años, ya no digamos 500. Es mejor anotar nuestras memorias en papel.

Además, hay una gran diferencia entre la experiencia de sostener y hojear un libro leído hace años, descubrir los pasajes subrayados y las notas que uno anotó en los márgenes —una experiencia que transporta al lector y le permite revivir viejas emociones— y la de leer la misma obra en la pantalla de una computadora, en tipo Times New Roman de 12 puntos. Incluso si admitimos que aquellos que sienten placer con tales cosas son una minoría entre los 7.000 millones (y contando) habitantes del planeta, siempre habrá entusiastas para mantener un próspero mercado de libros. Y si ciertos libros desechables —los best sellers para leer en el tren, horarios de ferrocarriles o colecciones de chistes— desaparecen de las librerías y viven sólo en los lectores electrónicos, es mejor así. Piense en todo el papel que se ahorraría.

Hace años me quejé del hecho de que en todas las viejas y oscuras librerías del pasado, cualquiera que entrara a curiosear era enfrentado por un severo caballero que exigía saber qué era lo que deseábamos. El desconcertado cliente, intimidado, probablemente se retiraba de inmediato. Encontré más alentador visitar las nuevas librerías-catedrales, donde una persona podía sentarse durante horas y hojear todo lo que quisiera. Pero ahora, si los lectores electrónicos van a absorber todo el mercado disponible de libros, esas librerías del pasado quizá servirán para algo: podrían convertirse en lugares donde los aficionados irán para buscar el tipo de libros que no se desechan.

Finalmente, debemos recordar que, a lo largo del tiempo, ha habido incontables ejemplos de innovaciones populares que amenazaron con reemplazar a sus predecesores —pero no lo lograron—. La fotografía no ha dado por resultado el fin de la pintura (cuando mucho, quizá ha desalentado los paisajes y retratos y alentado el arte abstracto). La cinematografía no ha causado la muerte de la fotografía, la televisión no ha matado al cine y los trenes coexisten perfectamente bien con los autos y los aviones.

Así que quizá tenemos una diarquía: leer en papel y leer en pantallas, lo cual, con acceso suficiente, podría llevar a un incremento astronómico en el número de gente que aprenda a leer. Y eso, ciertamente, es progreso”.

Fuente: los-reportes-acerca-de-la-muerte-del-libro-han-sido-sumamente-exagerados-por-umberto-eco

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Cassany: “Leer y escribir es mucho más difícil en la red”

abril 10, 2012

Daniel Cassany en la Feria del Libro de Buenos Aires

Daniel Cassany

“El 5 de mayo, Daniel Cassany, especialista en investigación de la comunicación escrita, se presentará en el Congreso Internacional de Promoción de la Lectura y el Libro, una de las propuestas destacadas para educadores de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Cassany es Licenciado en Filología Catalana y Doctor en Enseñanza de Lenguas y Literatura de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Barcelona.  Además, este profesor titular de Análisis del Discurso en lengua catalana en la Universitat Pompeu Fabra, publicó Describir el escribir, Enseñar lengua, Reparar la escritura, La cocina de la escritura, Tras las líneas y Afilar el lapicero, entre otros.

– Desde hace un tiempo se han desarrollado programas como “Conectar-Igualdad” de Argentina y “Escuela 2.0” en España, para que cada alumno de las escuelas públicas reciba de forma gratuita una computadora portátil, con el objetivo de romper la brecha digital. Sin embargo, las generaciones nativas de Internet le llevan ventaja a la mayoría de sus profesores en el uso, ¿cómo deben enfrentar los educadores este desafío?, ¿qué estrategias les sugeriría?

Este es una cuestión de mucha actualidad e interés, en efecto, y es también el tema central de una investigación en curso. Al respecto diría varias cosas:

Es importante que los gobiernos inviertan en la compra de portátiles para todos los estudiantes porque los ordenadores ya están en todos los ámbitos y en todas las actividades sociales -y lo estarán todavía más en el futuro-, por lo que la educación debe incorporarlos en su práctica diaria. Sería inimaginable que las escuelas siguieran solo con libros y papel, cuando éste está desapareciendo poco a poco de muchos entornos (empresas, instituciones, comercios, aeropuertos, etc.). Más allá de si se aprende más o mejor con ordenadores, los chicos tienen que acostumbrarse a usarlos para buscar, gestionar, comprender, transformar y producir información y conocimiento, porque esta es la forma actual y futura de acceder a los datos (sin olvidarnos del uso del libro, que coexiste y seguirá por muchos años).

Los ordenadores han tenido mucho más impacto fuera de la escuela (en el ocio, la vida privada, lo que hacemos por nuestra cuenta, al margen de la educación) que en el aula. Eso no es malo, porque lo que aprendemos fuera de la escuela también revierte -de algún modo- en la educación formal. Por eso es importante que los portátiles no se queden en la escuela cuando acaban las clases, que los chicos se los puedan llevar a sus casas por la noche, y que puedan usarlos también para hacer otras cosas, más allá de la escuela. Incluso también debemos ver como positivo que otras personas (padres, hermanos) los usen fuera de la escuela.

Leer, escribir e interactuar en la red es una forma totalmente diferente de hacerlo con el papel y los libros, de modo que hay que aprender sus particularidades y adaptarse. En pocas palabras, la red permite acceder a muchísima información, pero eso no significa que sea de calidad o que la podamos entender de manera simple. Precisamente, en la red hay mucha porquería (mentiras, exageraciones, falsedades, manipulaciones) y mucha información que proviene de todo el planeta (de comunidades, culturas y lenguas que desconocemos), por lo que resulta mucho más complejo poder comprenderla, darle sentido e interpretación desde nuestro contexto. Leer y escribir es mucho más difícil en la red. Por ello, los educadores deben enseñar en el aula a los chicos a manejarse en este entorno: a buscar información con los motores de búsqueda, a saber elegir las palabras clave, a saber usar los operadores booleanos, a leer críticamente y evaluar la fiabilidad de las informaciones, a distinguir diferentes puntos de vista (por ejemplo, una perspectiva política, de una científica o religiosa), a saber elegir el resultado más fiable, a saber incorporarlo en la vida de uno, a contrastar la información que aporta, etc. Por poner un ejemplo concreto, las tareas de lectura en línea deberían dejar de preguntar ‘cuál es la idea principal’, que es una pregunta de la época del papel, para preguntar ‘quién escribió eso y qué pretende’, que es una pregunta de la época de Internet.

Daniel Cassany en la Feria del Libro

– Los jóvenes pasan cientos de horas frente al ordenador, desarrollando blogs, fanfic y hasta ficciones sobre la realidad. ¿Es recomendable integrar estas actividades privadas de los alumnos a las aulas?, ¿por qué?

Sí, en líneas generales y con matices. Los alumnos aprenden mucho más hoy fuera del aula que antes, y eso es positivo. Lo hacen por la arquitectura de la red (varios perfiles de usuario, tutoriales de uso, barras de navegación, preguntas más frecuentes, foros de ayuda) y por la actitud cooperativa que se ha desarrollado en ella. Lo que los jóvenes hacen fuera del aula es, entonces, como el conocimiento previo, el punto de partida, desde el que habría que organizar los aprendizajes del aula.

Pero cabe pensar que la escuela tiene un currículo oficial, propio y acertado, que debe cumplir, de modo que la idea es partir de lo que hacen los jóvenes en su casa, fuera de la escuela, para traerlos hacia los aprendizajes más formales del currículo oficial, para que aprendan conocimientos científicos, impriman más rigor y detalle en sus actividades, etc.

– ¿Por ejemplo?

En vez de escribir un reporte o una monografía sobre el imperio egipcio o cualquier otro tema, pueden escribir un blog titulado ‘Mis sensaciones sobre Egipto’, en el que expliquen sus impresiones después de ver vídeos de YouTube, fotografías de Flickr o webs de historia de Egipto -que se vinculan en su blog- y que ellos comentan con sus sensaciones personales; también pueden buscar en Google Earth los lugares geográficos de los sitios arqueológicos, pueden diseñar un itinerario turístico para hacer un viaje, etc.

Otro ejemplo muy distinto es que si, por ejemplo, en la clase de literatura o de lengua y escritura, están trabajando los recursos retóricos y literarios, éstos se pueden poner en práctica escribiendo fanfic o leyendo fanfic en una web específica.

– ¿Es posible fomentar la literacidad crítica en un mundo dominado por las NTIC?, ¿de qué manera?

Yo diría que la literacidad crítica o la capacidad de poder leer y comprender la ideología, y de poder escribirla y producirla, es la única manera de poder seguir siendo un sujeto con plenos derechos y criterios en un mundo digital. La manera de hacerlo es enseñar en la escuela a leer críticamente, o sea, a preguntar por las intenciones (y no por las ideas principales), a leer siempre varios textos de manera comparativa (por ejemplo, los titulares de dos o más rotativos; la wikipedia y una enciclopedia en papel), a relacionar la información del texto con la vida personal del alumno, a contrastar las interpretaciones que cada alumno hace de un texto, etc.

– ¿Cómo piensa usted que se debe “promocionar” la lectura ante la competencia de los medios audiovisuales?

Creo que hoy ‘lectura’ incluye a los medios audiovisuales, de modo que es una suma, no una resta o una división. Los jóvenes hoy se ponen a leer Milenium después de haber visto las películas, después de leer una novela juvenil ponen sus comentarios en la web -en la que hay dibujos e incluso cómic o vídeos relacionados con esa obra. Puesto que ya casi no quedan textos monomodales escritos en el mundo actual, o sea, que estén constituidos por un solo modo (imagen, sonido, habla, escritura) y que este sea la escritura, la lectura ha pasado a ser multimodal sin más traumas ni problemas. Solo debemos incorporar la lectura -y comprensión- del diseño, el color, los iconos, las imágenes, los vídeos…- que se comprenden y analizan (piensan, reflexionan, discuten) con lenguaje natural humano, hablado o escrito.

– Por último, ¿qué temas desarrollará en su conferencia “Leer y escribir en el siglo XXI” en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires?

Pues intentaré trazar una panorámica sobre la lectura digital, mostrando algunos de los cambios relevantes que estamos viviendo, de manera apresurada. Pero que debemos ver con serenidad, curiosidad y alegría. Hablaré de nativos e inmigrantes, de visitantes y residentes, de abejas obreras y colmenas, de ‘empujar’ y ‘estirar’, de porquería y lectura crítica, de prácticas vernáculas y oficiales, de tecnología aparentemente muy popular que es infrautilizada y desconocida… en definitiva, de muchos conceptos y temas apasionantes. Me siento muy afortunado por haber nacido en 1961 y por haber tenido la oportunidad de conocer en primera persona el mundo antes de Internet y después de él”.

Fuente:  cassany-leer-y-escribir-es-mucho-mas-dificil-en-la-red